Los Millennials ya tienen el control del mundo en sus manos

“Formas de ver el mundo”…una frase que pretende justificar y simplificar los comportamientos que asumen las distintas generaciones que coexisten en este presente. Pero el tema no concluye allí, es más complejo que eso, sin embargo comprendamos o no “el fondo” de la cuestión sociológica, deberíamos aceptar, respetar y convivir en paz.

Importantes estudios nos dicen que todos aquellos que nacieron después de los años 80 -y de allí en adelante- conforman parte de una nueva generación identificada por particulares valores, costumbres, expectativas y objetivos. En concreto, palabras más o palabras menos, se trata de un grupo etario que comparte una visión común de la vida que recorre, al igual que sus predecesoras, la Baby Boomers (1940 - 1960) y la Generación X (1970 - 1980).

Al igual que aquellas, cada una en su momento, padecieron la sombra destructiva de algunas críticas que buscaron tildarlas como la generación que terminaría por hundir todo lo existente. Claro que la expresión “todo lo pasado fue mejor” sigue siendo la excusa simplista de los resistentes a cambiar.

Los tiempos de los Millennials (para otros Generación Y, o Generación del Milenio) están marcados por la era de la tecnología en su constante y vertiginosa evolución, no obstante no debemos ver esta circunstancia como la única que puede definirlos acabadamente. Ellos viven inmersos en ese mundo cibernético, que resulta ser el conducto del que se valen para conectarse con el planeta que transitan.

La idea general pasa por expresar, comunicar y crear en estado “on line”, sin restricciones de tiempo, modo y lugar. También se permiten organizar la rutina laboral y social para sacarle el jugo a cada segundo del calendario; vincularse sentimentalmente iniciando relaciones por chat o manteniendo aquellas que el paso de los años, la distancia y las obligaciones aleja.  

Ellos viven en un planeta hiperinformado que no da tregua con noticias sobre violencia, guerra y terrorismo; crónicas sobre todo tipo de desastres de la naturaleza sumados a la poca conciencia ambientalista mundial y la falta de políticas comprometidas al respecto; ven la angustia del hambre y las incontrolables enfermedades pandémicas; también son parte de las profundas crisis económicas que atraviesan distintos países desestabilizando todo lo sólido e indestructible que conocían.

Toda esta realidad “mega observada” marca la conducta de esta cohorte de personas que reacciona en defensa propia buscando la felicidad a corto plazo.

Para lograrlo profundizan en los afectos y en la familia como centro, disfrutando de sus amigos y viviendo el día a día.

¿Cómo no entenderlos por su sensación latente de inseguridad laboral y la consecuente falta de compromiso hacia sus empleadores? ¿Cómo no predecir sus conductas con tanto descreimiento general en las instituciones establecidas, las organizaciones gubernamentales y cualquier tipo de autoridad?

Los Millennials saben disfrutar sin necesitar ser materialistas y saben expresarse sin tener que atarse a un dogma ideológico. De ello no hay duda.

Su adaptación a la diversidad es absolutamente natural, buscando crecer conviviendo con otras culturas, nacionalidades, grupos étnicos, etc. La tolerancia es una marca registrada y distintiva de este grupo.

Muy lejos de condenarlos por sus acciones y de reducir su definición a: “Un grupo de alienados a las pantallas con facilidades cuasi genéticas para manejar cada nueva tecnología que se les ofrece, incapaces de fidelizarse con el trabajo” elijo verlos como una oportunidad para reflexionar sobre los valores que marcan sus pasos.  

Quizás no siempre se dejen llevar por la pasión de ideologías radicales o socialmente comprometidas, pero quizás esto pueda atemperar fundamentalismos nocivos en la humanidad, quizás la tolerancia pase así a ser una regla natural de la convivencia y no un reclamo constante de grupos minoritarios.

No podemos temer a quienes tienen a la felicidad como factor determinante para elaborar sus metas en la vida.

Los necesitamos, tal como son, desestructurados para asumir responsabilidades, simplificadores permanentes del trabajo, amplios de criterio ante todo, generadores de herramientas tecnológicas para mejorar la calidad de vida y creadores permanentes de la actual cultura universal.

Fuentes imágenes: Text100, Bob Collins, Matthew Hurst.