El uso del celular en el aula: Cómo hacer del enemigo un aliado

Hace pocos días, circuló por distintas redes sociales la renuncia en Buenos Aires, Argentina, de un profesor universitario. Se viralizaron los motivos del accionar de este hombre que fueron bastante polémicos. Las razones hablaban del uso del celular en clase.

Su escrito rezaba la impotencia de quien estaba al frente del aula, y veía la falta de interés sobre el contenido académico que se dictaba en un taller de periodismo. El mundo de Whatsapp, de Facebook y Twitter, todo en un solo dispositivo, capta el interés de jóvenes – y no tan jóvenes- al punto que deja en evidencia al profesor que no posea ciertas habilidades, generando en este una especie de hastío que logra agotar a cualquiera que intente competir con estas herramientas. Una buena forma para evitar desmoralizarse es intentar incluirlas.

En todos los casos, sin excepción, la prohibición trae consecuencias nefastas. Explorar sobre las posibilidades de convivir con los nuevos dispositivos es de vital importancia. Celulares, tabletas, notebooks, un mundo infinito en el que nadie quiere quedarse afuera. Mucho menos aquellas generaciones que han nacido digitalizados. Sería impensada la posibilidad de pedirles  que abandonen una nueva y natural, para estos, forma de comunicarse.

En 2008, un colegio de Argentina junto a su profesora realizaron una experiencia con alumnos que resultó por demás productiva. En ese momento, decidieron trabajar con métodos de investigación usando los dispositivos con conexión a internet que los niños tenían a mano. Desde esa experiencia no dejaron de manejar esta metodología, que de alguna manera se acerca a la realidad que viven.

Querer continuar con métodos tradicionales, aleja a las nuevas generaciones del saber y del conocimiento. Estancarse en lo conocido, en lo seguro, en lo que otros hicieron y funcionó, es una forma de negar que los tiempos cambian, que los iluminados de ahora no son los de ayer. ¿Alguien podría negar que los jóvenes de ahora no poseen un bagaje cultural gracias al uso de internet y de las nuevas tecnologías?  

 Lo opuesto a la prohibición puede ser enseñar el uso moderado, en este caso, del celular. Y cuando no, poder sacar ventajas pedagógicas que ayuden a maestros y profesores a conseguir el objetivo: que quienes están expectantes escuchando a un orador comprendan, aprendan e incorporen contenidos. O mejor aún, que el objetivo sea un espacio de aprendizaje compartido, donde el nativo digital -como llaman a aquellos nacidos en estos tiempos- cultive al que vivió experiencias alejadas a estás, y viceversa.

El uso racional, es la clave. Poder enseñar que hay momentos para todo y que cada cosa tiene su tiempo. Poder mostrarles a las nuevas generaciones, que de verdad existen cosas valiosas que son dignas de ser disfrutadas, cosas por las que vale la pena poner en “espera” la comunicación virtual y compartir momentos cara a cara o simplemente en soledad. El desafío se plantea para los que viven la revolución tecnológica desde afuera.

Fuente imagen principal: robbiematthews1

Fuente imagen: Vagner Cavajheiro